lunes, 11 de abril de 2011

Entrevista a Manuel Gahete


FSM.- Manuel Gahete es uno de los poetas vivos más importantes que tenemos en Córdoba después del grupo Cántico. Y, además, con una larga trayectoria de poemarios de calidad que lo avalan. ¿Nos podrías contar cómo fueron tus comienzos poéticos y cómo se despierta en ti la vocación por la escritura poética?

MG.- Prácticamente desde que tengo uso de razón. En los fuegos de campamento, apenas había alcanzado la pubertad, cuando los monitores nos reclamaban, en torno a la hoguera nocturna, para que interviniéramos interpretando lo que más nos gustaba o lo que mejor sabíamos hacer, yo nunca dudé en recitar poemas de mi propia creación o contar algún cuento que había inventado. El primer poema “serio” que recuerdo haber compuesto devino provocado por la pérdida de un amigo que se ahogó con solo doce años de edad. Y por supuesto los poemas de amor, cientos de poemas que llegué incluso a encuadernar y hoy probablemente no publicaría.

FSM.- No sé si es ponerse trascendente, pero tú, Manuel Gahete, ¿por qué escribes poesía? ¿Qué se busca en el acto de la escritura poética?

MG.- Nunca se sabe muy bien cuál es la razón última que te arrastra a escribir poesía. Como te digo, yo me recuerdo escribiendo poesía y prosa desde que era un niño. Lo escribía todo, mis decepciones, mis ilusiones, mis sueños, mis quimeras. Aunque rompí –o extravié- muchos de aquellos primeros escritos, conservo otros –meros apuntes balbucientes- que se remontan a edades ya olvidadas. No concibo mi vida sin la literatura. Es parte de mí. Soy parte de ella. Me ha concedido algunas de mis más satisfactorias páginas existenciales y ha sofocado también otras terribles. Siempre ha sido un bálsamo, un drenaje (no oculto que, a veces, doloroso) que, al final, me ha convertido en mejor hombre, más tolerante y más libre. A través de la escritura he llegado a conocerme y, sobre todo, a entender en buena medida a los demás.

FSM.- Manuel, has ganado importantes premios literarios como –por nombrar algunos- el premio Ricardo Molina, Miguel Hernández, San Juan de la Cruz, Mariano Roldán, Ateneo de Sevilla, etc. ¿Qué características crees que debe tener un buen poemario para que podamos decir que estamos ante una obra poética de calidad?

MG.- Mis planteamientos son claros. Un buen libro de poemas debe arrancarnos dolor, júbilo, esperanza, desasosiego, reflexión, éxtasis, pasión, bonanza. No puede dejarnos indiferentes porque la poesía es sobre todo arrebato, como testimoniaba Alessandro Baricco en la inauguración de Cosmopoética: “un grito en busca de una boca”. Aunque cada poema es una historia en sí misma, el libro que los contiene debe aparecer estructurado, ser coherente en su forma y contenido, incluso cuando se buscan los contrastes. Marinero en tierra de Rafael Alberti es un libro bien orquestado, aunque los poemas que lo componen respondan a diferentes metros, tiempos y tradiciones. Perito en lunas de Miguel Hernández es un libro redondo, cerrado. Su armonía temática y formal potencia la intensidad de lo escrito. Y finalmente debe consagrarse a la palabra. Era Mallarme quien afirmaba que “la poesía está hecha con palabras”. Nadie después ha podido rebatir con buenos argumentos esta tesis crucial que, evidentemente, posee una poderosa virtualidad de interpretaciones.

FSM.- ¿Y un poema? ¿El poema en sí mismo como la parte de un todo se puede decir que tiene claves para saber que estamos ante un poema bien hecho? ¿O un poema es el resultado de algo hecho al azar y que nada tiene que ver con claves?


MG.- En el poema tienen que confluir muchas claves. No es espontáneo ni intocable, como no lo son la tempestad y la lluvia aunque aparentemente respondan a hechos incontrolados. El poema se asocia siempre a estados del alma y necesita un modo especial de sentir y hasta de ser. No todo el mundo puede escribir poemas porque tampoco todo el mundo está capacitado para el deporte o las matemáticas, lo que no impide que todos podamos conmovernos y sentirnos solidarios con su lectura. Además, debe dejarnos la sensación de escuchar música, de arrastrarnos a través de sus sonidos, de hacernos “ver” y “sentir” en la palabra todos esos sentimientos. El ritmo sustenta la poesía. Puede contemplarse en la violencia del incendio o bajo las brasas de la ceniza, pero ineludiblemente nos tiene que quemar. Y sin duda debe llevarnos más allá de lo que somos y sentimos, o mejor, hacia lo que somos y sentimos en toda nuestra plenitud. Hablamos de metáfora, de trascendencia. ¿Quién puede poner límites a la imaginación o el misterio?

FSM.- ¿Cómo abordas la actividad poética? ¿Te sientas a escribir con una disciplina horaria o escribes según te vaya viniendo la inspiración?

MG.- No dudo de que la poesía, como todo arte, admita disciplina. Yo nunca he podido ni sabido imponérsela, aunque comparto con Picasso que “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

FSM.- Has cultivado no sólo la poesía sino también el ensayo y la escritura dramática. ¿Dónde te sientes más cómodo y por qué?

MG.- Sigo creyendo en la ordenación de los géneros literarios y entiendo muy bien que haya autores capaces de tocarlos todos, conociendo las características de cada uno, y hasta lo haga bien en todos ellos (Quevedo es modelo ejemplar). Pero, como Cervantes en la novela, donde más a gusto -y más yo- me encuentro es escribiendo poesía.

FSM.- Me gustaría saber cuáles son tus poetas favoritos y si crees que alguno de ellos ha influido en tu forma de escribir poesía.

MG.- Tengo muchos poetas favoritos, pero sobre todo me atraen aquellos que tiene un especial afecto por la palabra sonora, musical, sorprendente; por los que saben extraer los significados precisos; y, sobre todo, aquellos capaces de transformar, con lenguaje visionario, los contextos de la realidad. Así Góngora, Quevedo, San Juan, García Lorca, Miguel Hernández, García Baena, Antonio Carvajal…

FSM.- De tu larga lista de libros de poesía, ¿hay alguno de ellos con el que te identifiques más o que te guste más por alguna circunstancia especial?

MG.- Aunque no sé bien por qué, le tengo un especial afecto a La región encendida (surge tras un largo proceso de maduración poética); pero –como ocurre con los hijos- todos han dejado en mí una imborrable marca de identidad, cada uno con su significación concreta.

FSM. Como crítico literario ¿Qué te parece el panorama poético de Andalucía en este momento?

MG.- Estoy convencido de que existe, por parte de los críticos, una honda preocupación por revalorizar la obra de los autores andaluces que no se ve correspondida por las instituciones. Ciertamente, la situación de crisis afecta a todos los estadios de la vida; y la cultura –muy especialmente la literaria- queda reducida a territorios marginales que, a su vez, marginan, potenciando solo la creación de determinados autores afines a tendencias políticas o ideológicas. De cualquier manera, sigo creyendo en la posibilidad de un nuevo horizonte.

FSM.- ¿Tiene la poesía algún papel que cumplir en la sociedad? O dicho de otro modo. ¿Tiene o debe tener la poesía alguna misión?

MG.- La celebérrima y repetida sentencia de Celaya (“La poesía es un arma cargada de futuro”) ha perdido vigencia, que no vigor, porque ahora interesa menos el futuro que el prosaico presente de lo fácil. La poesía es una manifestación intemporal del alma humana y, por tanto, su futuro está consolidado. Pero esto no significa que traspase esa barrera de la inmensa minoría juanramoniana. No podemos perder de vista el tiempo en que vivimos y adaptarnos a él, sin rendición, con inteligencia, buscando que se escuche este lenguaje diferente de expresarse, quintaesencia de lo literario, crisol de una fuerza interior esencial no visible a los ojos. Si no existiera, seríamos cada vez más torpes, más intolerantes, más egoístas, menos humanos.

FSM.- En casi todas las entrevistas me gusta preguntar al entrevistado que me dé su definición de Poesía. ¿Podrías, por favor, decirme qué es para ti la poesía?

MG.- Poesía es vivir más allá de la vida.

FSM.- Para finalizar podrías decirnos en qué proyectos literarios estás trabajando en este momento.

MG.- Acaba de publicarse, en la editorial sevillana ‘La isla de Siltolá’, dirigida por el escritor Javier Sánchez Menéndez, mi antología poética El tiempo y la palabra (1985-2010), 25 años dedicados a escribir poesía, no sé bien si a vivir o desvivirme. Se presenta el día 6 de mayo, a las 19’00 horas en la carpa de presentaciones de la Feria del Libro. El prólogo está realizado por uno de los más grandes hispanistas contemporáneos, el doctor Gabriele Morelli, de la Universidad de Bérgamo. La selección y el estudio introductorio son obra de Marina Bianchi, profesora también de esta universidad italiana que me insta a seguir escribiendo. Lo que ella no sabe –o sí- es que la poesía –la escritura- para mí es alimento del espíritu. Si no lo consumo, me consume. Siempre estoy escribiendo un nuevo libro de poemas. “Patria” pertenece a él. Lo has escuchado y leído. Ya me dijiste que te había conmovido. No tengo más pretensión. Aparte, sigo escribiendo una novela. Es un género que me atrae cada día más, sin renunciar a la poesía. Y me interesa mucho el teatro y el mundo infantil y la crítica literaria. Sólo espero tener tiempo para todo. Más tiempo todavía para entregarme más a lo que amo.

FSM.- Muchísimas gracias, Manuel Gahete. Ha sido un placer. De todos tus poemas ¿podrías elegir uno que te guste mucho y que quisieras que publiquemos aquí para disfrute de los lectores de Paraninfo Poético?

MG. Manuel Mantero intuyó la trenzada relación entre escritura y vida que empapaba mi poesía; esa fuerte atracción erótica, sexual incluso, que desbordaba la realidad para convertirse en expresión del deseo: la mística de lo físico, lo carnal de la palabra.


Poética

Detenidos, apenas

un leve gesto sobre el pie desnudo,

una caricia leve,

un leve aliento,

quebradas las rodillas,

el seno,

la mirada,

toda la fe,

la vida,

el color de los mares,

la lluvia,

el rojo de los campos fríos,

el hondón de las grietas,

los fémures,

la risa,

el oloroso nombre de los labios,

la sal,

la lengua,

la mirada turbia,

el racimo de salvia,

la saliva,

el ardor apurando

esos restos de alquimia de la muerte.


Nada como la lucha abierta de los cuerpos.

Nada es más dulce,

nada que tu boca

y ese vago dominio del amor en la entrega.


El amor que ennoblece a aquel que ama y embellece al amado.



[De Mitos urbanos - V Premio Ateneo de Sevilla - Algaida, 2007]

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